Por qué

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué esto? ¿Por qué ahora?

Por qué da a un lado de la pared. Cae y vuelve a subir. Da en el otro lado de la pared. Toma impulso y sale disparado en dirección contraria. De forma paulatina por qué toma velocidad.

Por qué suena con cada golpe. Por qué susurra. Por qué da a un lado y a otro de la habitación. Por qué golpea. Por qué toma velocidad. Por qué repiquetea. Por qué resuena con fuerza ahora y aquí. Con cada vez más fuerza. Por qué se oye.

Por qué en forma de pelota de goma golpea las paredes de la habitación. Su curso se aceleró, y sus trazos son ahora al azar. Pasa tan cerca de ti que quizá te haga caer al suelo. Te tambalea.

Por qué suena como un estallido continuo. El espacio vacío entre cada por qué se adelgaza. Dejas de escuchar el silencio. Un por qué se entrelaza con el siguiente por qué.

Cambias de habitación con la esperanza que por qué no te persiga.

Por qué viene contigo sin embargo. Bien adentro de ti. Por qué escuchas dentro de ti.

Por qué está dando golpes en tu cabeza. A un lado y a otro. Por qué retumba sin encontrar la salida.

Cómo calmar a por qué. Cómo silenciar su estallido. Aminorar su repique. Cómo decirle que pare.

¿Cómo?

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Bambú

Me pregunto qué necesito para acompañar a alguien en su proceso de duelo y sólo puedo recordar haber recorrido mi propio proceso de duelo para entender cuan complicado es, la de entresijos, escaramuzas, mentiras y medias verdades que inventamos para distraernos en el camino, que levantamos para no ver más allá. Cuan difícil es recorrerlo sólo. Y cuánto bien es ser acompañado.

Así, consciente de la angustia, el temor y el dolor que invade cada surco y se acumula en orillas y fosos, me gustaría convertirme en un bambú de raíces potentes y tallo ágil, donde sujetarse cuando el temporal arrecie, recostarse cuando las fuerzas flaqueen, susurrar ánimos en el viento para seguir.

Para recordar la relación y permitir desmenuzar su recuerdo, explorar sus regalos y tesoros, destapar sus secuelas y desazones, la empatía y sintonía con el paciente, el estar ahí para él y que él lo sepa, la coherencia en mis movimientos y palabras, la congruencia de mi ser, mi presencia cálida y templanza segura son mi mejor baza. La persona puede perder el equilibrio al asomarse al foso, al adentrarse en los surcos, al intentar rescatar partes olvidadas. Yo no. Su desnudo y vulnerabilidad encontrarán en mi: ojos compasivos, oídos genuinos, palabras de validación.

Entender su negación. Entender y aceptar su constante por qué. Dar permiso. Dar permiso. Dar permiso. Dar permiso para canalizar emociones, dotar con herramientas para expresar la rabia, escuchar su tristeza cuando aflore, dejarla desbordar la habitación, y entonces dejar hablar al miedo. Antes ahogado en tristeza, se agarraba fuerte a su cuello, a expensas de ahogarla. Ahora puede hablar y contar su incertidumbre del no saber qué será ahora, que será de la persona ahora que el otro no existe en su realidad, que aquella realidad se desvaneció. Qué será de ella “sola”.

Y aquí el bambú de potentes raíces (me recuerdo esto a mi misma para mantener mi propio equilibrio) que la ha acompañado a dar cara con cara con su miedo más profundo e invitado a mantener la mirada, tomará su mano, quizás la abrace fuerte. Esta vez no está sola. No estará sola jamás. Puede cerrar el círculo con un gracias sincero y un adiós tranquilo

No nades a contracorriente

Una y otra vez. Te giras y nadas. Tus brazos los lanzas. Uno. Dos y tres. El agua sobre la cara. Tragas un poco. Los pies. Las piernas que se mueven sin cesar. Otro brazo. Tomas aliento. Continuas. Otro brazo. La cabeza se zambulle. Sales otra vez. Sigues nadando. Estaba atrás. Allí atrás. Quieres eso que se quedó atrás. No puede estar tan lejos. Otro brazo más.

Una piedra aparece. Suspiras. Te tomas a ella. Te agarras a ella con fuerza. Te resguardas. Miras por un instante. Estás en el mismo punto. En el mismo punto que al empezar a nadar. A contracorriente.

Desfalleces. No. No repites para ti.

¿Dónde está? ¿Dónde quedó? ¿Por qué me cuesta tanto volver hacia atrás?

Cansado. Agotado. Agarrado a la piedra como estás te preguntas qué vas a hacer ahora. ¿Seguir nadando a contracorriente o aceptar el curso del agua? ¿Volver hacia atrás e intentar recuperar lo perdido? ¿O darlo por perdido y seguir adelante sin ello? ¿Cuan importante era lo que perdiste y que ahora debes recuperar? ¿Cual es tu capacidad de soltar? Soltar. Dejarte llevar. Fluir. Tomar el sentido del curso. Tomar el camino.

¿Qué vas a hacer? Dime qué vas a hacer.

Toma aliento. Quizá necesites algo más de tiempo

Procesos de Cambio Emocional por Javier Jódar

Ante la definición que Greenberg hace de la emoción como el resultado de la interacción del ambiente y las necesidades de la persona, cabe plantearse por tanto la pregunta ¿De dónde viene esta emoción?

Con estas palabras Javier Jódar daba la bienvenida a su conferencia “Procesos de Cambio Emocional en Psicoterapia Humanista”. Ponencia que invitaba a entender las emociones no como buenas o malas, si no acordes a nuestras necesidades o no. Es decir, cuando nuestras necesidades eran cubiertas, nuestras emociones rondaban los senderos de la alegría y la satisfacción. Cuando sin embargo nuestras necesidades no eran resueltas, la emociones eran tintadas de enfado, tristeza o miedo.

La cuestión que Javier planteó entonces fue, ¿cómo transformar esta emoción de rabia, tristeza o miedo?

Darnos el permiso de sentir sería el primer punto a seguir. No huir de lo que sentimos, vernos a nosotros mismos cargando de ella, inmersos en ella, relevar cuan importante es para nosotros.

Y así entender que se le podía poner un color, olor, forma, palabra, sensación, y saber que la emoción ocurre en nosotros pero no es nosotros. Nosotros no somos la emoción. Le damos espacio. La toleramos. No huímos.

Y así, una vez el contacto es pleno, Javier propuso darle un nombre, verbalizarla y sacarla. Lo que el Focusing de Gendlin viene a ser significar la sensación. La consicencia plena y aceptación permite transformar la herida emocional.

¿Qué es lo que necesitas ahora? Qué necesitas?

 

*Javier Jódar en su Conferencia “Procesos de Cambio Emocional” durante el sábado 18 de Febrero de 2017 en las V Jornadas de Psicoterapia Humanista.

**Su ponencia me recuerda al poema “The Guest House” del sufí Rumi que dice así

La Casa de Huéspedes (traducción propia)

Este ser humano es como un hostal.

Cada mañana un nuevo huésped llega.

Una alegría, una tristeza, una miseria, un momento de lucidez llega como visitante inesperado.

Dales la bienvenida y entretenlos a todos.

Aún cuando ellos sean una multitud de horrores que arrasan de forma violenta tu casa y la dejan sin muebles, aún así, honra a cada huésped.

Te podría estar despejando para un nuevo deleite.

Al pensamiento fosco, la culpa, la malicia, recíbelos en la puerta sonríendo e invitalos a pasar.

Agradece por lo que viene pues ha sido enviado desde más allá para guiarte.

Focusing

– Trae a colación qué te viene a la cabeza. Qué imagen tienes ahora en ella.

-Problemas en casa, las clases…

-¿Qué te sugiere?

-Es una tristeza general

– ¿Cómo se siente eso?

-Un poco pesado

Ella desliza y aprieta las manos contra sus muslos.

-Si te ayuda puedes hacerlo con los ojos cerrados. Toma la sensación de pesado y llevala a tu cuerpo. Escucha “estoy sintiendo algo pesado en mi”. “Está pesado”. Pausa. ¿Qué sucede en tí cuando escuchas la pesadez en tu cuerpo?

Silencio

– ¿Qué sensación percibes? ¿Es nítida? ¿Se expande? ¿Se contrae?

-Se suaviza

-Se suaviza. De acuerdo. Cuando prestamos atención a ese peso, la sensación se suaviza. Pausa. Silencio. Ahora vamos a acompañar esa sensación suave. ¿Qué viene?

-Nada

-Mira ahora la relación de conflicto que comentaste al principio.

-Importa menos

-Te voy a sugerir palabras ahora. “Me importa menos de lo que pensaba”. ¿Qué te dice eso?

Pausa. Silencio. Ella traga saliva. Parece que algo se ha aflorado hasta allí. Silencio. Pausa

-Ahora tengo la sensación en el pecho. Es como una presión. Agobio.

-Le doy la bienvenida a esto que apareció en mi pecho. “Algo en mi es como agobio”. “Un agobio que se expande”.

-Se expande hacia arriba. Lo estoy intensificando yo misma

-Dejemos por un momento tu voz a un lado. Pausa. “Noto que estás ahí. Te estoy prestando atención”

-Lo siento en la garganta. Como una presión. Ocupa más de lo que debería

-“Estoy sintiendo algo en mi garganta, ocupando un espacio y que cuesta pasar”. Pausa. ¿Qué necesita para soltarse? Pausa. Tiempo. Pausa. Espacio. Pausa. Cariño. Atención. Afecto

-Cariño. Afecto. Los dos primeros (tiempo, espacio) me producen más agobio

-“Estoy sintiendo que algo en mí necesita cariño y afecto”

-Es distinto ahora. Más aliviado

-“Algo en mí necesita cariño y afecto” “algo en mí quiere cariño y afecto””a algo en mi se le puede dar cariño y afecto”

– Me gustan las tres

-Vamos volviendo y ahora ¿cómo ves el conflicto?

-Más aliviado. Con más esperanza

*¿Escuchas a tu cuerpo? Focusing fue un taller impartido con Mentxu Martín-Aragón y Sergio Lara el Sábado 18 de Febrero de 2017. En este caso práctico vívido en directo entre Sergio Lara y una asistente al taller voluntaria se observa cómo el terapeuta ofrece símbolos que encuadren con sensaciones sentidas.

Pioneros de la Psicoterapia Humanista Integrativa en España

Pioneros que “son sus huellas el camino y nada más”. A tí, recién llegado te recuerdan que “no hay camino, se hace camino al andar”.

Así emprendieron ellos el viaje. Con el corazón abierto ante el llano abierto. Una llanura a veces. Otras desierto. Otras jungla. Chaparrones o sedientos. Como ríos que se entrelazan para luego volverse a separar. Polizones y maletas que hubieron que descargar. Un faro: la buenaventura de la humanidad.

Sentados allí estaban. Albert Rams, Jose Antonio Garcia Monge y Ramon Rosal. En una mano defendieron la interdisciplinariedad. El beber de la sociología, la antropología, la filosofía, las concepciones espirituales de la vida. En entender al sujeto dentro de su cultura. En la otra mano insistieron en hacerse hueco. En el reconocimiento de la Psicoterapia Humanista.

En el corazón una luz. La humanidad. La riqueza de las personas. El valor de la libertad que propugnaba Sartre. Tu cuando incluso si decides no elegir, estás eligiendo.  A través del desarrollo humano puede venir el desarrollo social. el aprender a trabajar para otros.

Así dieron exquisita importancia al desarrollo del individuo. A su capacidad de elección. A su capacidad de elección en sus actos diarios y que tendrán efecto en el resto de todos nosotros. Como decían, no prediques con palabras y sí con el ejemplo. “We teach who we are” que decía Parker Pimler.

Primaron el desarrollo social de la humanidad extendiendo la labor hecha en la consulta con el cliente. ¿Quién se puede costear terapia? ¿Quién? nos susurraron al oído. Llevar la educación emocional a todos los campos y colectivos para el beneficio de la humanidad. ¿Qué es más importante resolver un enfado o una ecuación?

Boquiabiertos y emocionados como estábamos, alguien pidió consejo. Antonio nos invitó a amar sin temor. Ramón a mirar el conjunto. Albert a conocernos a nosotros primero.

Carl G. Jung dijo una vez, “no puedes acompañar a alguien a caminar una camino que tu nunca has caminado antes ya”

 

 

¿Qué máscara llevo?

Toma un folio. Una hoja en blanco sin más te valdrá. Con ayuda de tus dos manos lleva la hoja delante de tu cara. Acércate bien a ella. Siente tu respiración sobre ella. Su tacto sobre ti. Su temperatura. Como esta temperatura cambia al tiempo de estar enfrente de ti.

Retírala un segundo. Haz ahora dos agujeritos para tus ojos. Otro para tu boca. Para tu nariz. Puedes tomar los bordes y ajustarlos a la misma forma de tu cara. La hoja en blanco se parece más a ti.

Colócala de nuevo sobre tu cara. Gira a tu izquierda o a tu derecha. Con las dos manos mantén sujeta la hoja. Gira y conversa con el compañero de tu lado. Él también sujeta su hoja. Ambos conversáis sin retirar la hoja que se parece a vosotros, la máscara que fácilmente habéis construido para cubrir vuestra cara.

¿Puedes ver a través de los dos agujeritos en el papel?, ¿cómo respiras ahora?, ¿cómo es tu voz detrás de la máscara?, ¿cómo es tu expresión?, ¿adivinas la expresión del otro?, ¿el otro podría adivinar ahora tu expresión?, ¿cómo te sientes?, ¿seguro?, ¿incómodo?, ¿a salvo?, ¿cansado?, ¿sabe el otro que estás seguro, incómodo, a salvo?

Sin bajar tus manos, despídete de tu compañero.

Sin bajar las manos, pregúntate qué quieres hacer con la máscara.  ¿Para qué te sirve? ¿Para qué la utilizarías? ¿Para qué la guardarías?

 

¿Cuánto más podrás sujetar con las dos manos la máscara sobre tu cara?

 

*Dinámica de grupo como cierre a las V Jornadas de Psicoterapia Humanista conducida por Amaya Mauritz en la Sala Magna de la Universidad Pontificia de Comillas

 

Erasmus

Erasmus, Desiderius Erasmus en su Elegía a la Locura, decía que cualquiera, más allá de cuan educado era o de su estatus social, era humano y torpe. Así, nos recordaba que todos nos hemos tropezado alguna vez. Hemos roto un plato, descontado el tiempo, suspendido una prueba, perdido un avión, reservado una habitación en la fecha equivocada, firmado un contrato sin leerlo, besado a una rana, pisado a una princesa, viajado sin saber que esperar, respondido no cuando querías decir si.

Todos sin librarse nadie. ¿Y qué?

Erasmus nos invitaba a ser un poquito más locos, a intentar nuevos retos aun con el miedo a fallar, a no tomar tan en serio la dignidad y a reírnos tranquilamente de nosotros mismos. Lo cual en ti, que persigues sin descanso la perfección, es tremendamente alentador.

* Inspirada en la película “Requisitos para ser una persona normal” (2015)

Abracitos largos seáis bienvenidos

Demos la bienvenida con nuestros brazos abiertos a los abrazos. A todos los abrazos sinceros. A los que son cortos y a los que son largos. Abracemos los abrazos sinceros. Abracemos los abrazos sinceros y largos en particular. Abracitos largos seáis bienvenidos. Tú, abrazo sincero que olvidas el tiempo. Tú, abrazo fuerte que te descuentas mirando el reloj. Abracito, por qué no nos contaste que traías un regalo contigo? Qué sorpresa. Pasad. Pasad. Qué bueno llegaron ya.

Éstos, los abrazos, los abrazos sinceros y largos, traen consigo la hormona de la felicidad. Esa misma hormona que llega cuando ríes sin cesar, cuando bailas con la cabeza echada hacia detrás, cuando en el clímax del orgasmo un escalofrío recorre tu espalda, cuando en ti mujer los músculos del útero se contraen al dar a luz. En todos estos momentos la hormona de la felicidad se pasea plácidamente por tu corriente sanguíneo. La oxitocina invade tu cuerpo. Y tu quedas inmerso en ella. Quedas inmerso en un cocktail de felicidad.

Así y sin saberlo, cuando abrazas y te dejas abrazar calmas tus temores, te vuelves más generoso, te muestras decidido y confiado, el interés por el otro se convierte en afecto, se reduce la producción de cortisol, disminuyes el estrés y mejoras el sistema inmunológico.

¿Imaginas una guerra de abrazos donde los efectos colaterales fueran la empatía, el altruismo y la compasión? ¿No sería la humanidad más humana?

La Práctica Hace al Maestro

La práctica hace al maestro. Y no sólo me refiero aquí al maestro de escuela, sino al maestro en su especialidad. Al maestro en su campo. Al que ha masterizado su tarea. Su saber.

Maestro sería aquel que hace sonar de manera virtuosa su instrumento, el que elabora delicias para tu paladar, el que con gracia ligera lleva el balón entre los pies, el que con destreza te quita la cartera del bolso o el que con su discurso convence hasta su enemigo más aférrimo. Unos y otros son maestros y maestras.

Tener talento te hará brillar en ocasiones. En muchas ocasiones quizá. Pero son tu pasión y perseverancia quienes avivarán esa luz, quienes la harán crecer.

Malcolm Gladwell sugirió que 10.000 horas de dedicación te convertirían en maestro. Su seguridad y confianza en la tarea vendrían del tiempo invertido. Unas 3 horas al día durante los próximos 10 años. O unas 5 horas diarias en casi 6 años.

Repetir. Repetir y repetir.

Como los diamantes forjados a tiempo y presión son los maestros hechos de práctica y superación.

escuchARTE

Escucharte. El arte de escuchar. Escuchar lo que se dice y lo que se calla. Escuchar el sonido y el silencio. Escuchar afuera y adentro. Bien adentro.

Escucharte con todo mi ser. Aquí y ahora. Escuchar y envolver entre mis brazos el alma. Escuchar y transmitir que aunque todo se derrumbe ahí fuera, aquí y ahora, se está seguro.

Escucharte como si fuera la primera vez. Escuchar y olvidar mis prejuicios, sin generalizar, sin analizar. Escuchar y devolver sólo lo escuchado.

Escucharte. Escuchar lo que dice su cuerpo, lo que dice mi cuerpo.

Explorar cualquier forma de expresión.

Y aceptar. Aceptar y no intentar cambiar. Entender “fallos” como virtudes únicas.

Y así amar.

Primar el amor incondicional como base de nuestra dieta. Primar la amabilidad en mi lenguaje, en el tono, en el brillo, en el gesto, en el paso.

Entender la importancia de los límites y así cuidarme yo primero.

Crear un nuevo discurso de afirmaciones positivas y repetirlo hasta creerlo.

Escucharte un arte que aprendes escuchando y siendo escuchado.

Cierra los ojos y escucha. Escucha bien.

Una sola palabra necesitas

Una palabra necesitas. Una sola para caminar. ¿Qué repetirás adentro de ti para continuar? Anótala. Toma un papel y un bolígrafo de los que no puedas borrar. Solo sumar. Y escribe qué dirás.

A tu niño interior allí pequeñito que pregunta sin cesar. A tu adulto que afirma con rotundidad. A tu futuro yo que ansia llegues ya. Con ternura háblale y dile que él puede un poquito más. Que puede continuar. Que todo lo bueno espera más allá.

Dobla la nota. En uno. En dos. En tres. Y llévala contigo. Hoy. Mañana también.

Y cuando dudes, olvides o no recuerdes. Cuando estés cansado de seguir, toma tu nota y repite tu palabra. Tu sola palabra que estaba esperando ahí para volver a vivir.

Una sola palabra necesitas

Agradece ahora, antes de despedirte

Agradece ahora antes de despedir el año. Agradece ahora antes de entrar al nuevo. Da las gracias por aquello que 2016 trajo a tus días. Por lo bueno y a veces menos bueno, por lo que aprendiste y seguirás haciendo y por lo que nunca más perseguirás. Agradece.

Agradece y así abrirás tu corazón a la fortuna que el año próximo aguarda para ti.

‘Las semillas de hoy son las flores de mañana’ proverbio chino

Inténtalo. Atrévete

Inténtalo. Atrévete. Haz cada día algo que te de miedo. Aún con dilación, hazlo. Empieza por cosas pequeñas. Empieza por una solo. Empieza hoy. Hazlo mañana también. Un día. Otro. Y otro más. Hazlo. Para tu asombro descubrirás que tu puedes superarlo. Que no era para tanto. Que lo que antes temiste, ya es una parte más de tu día a día.

Y así y así, a sorbitos pequeños, descubrirás también que puedes superar miedos algo más grandes. Algunos que hoy todavía son enormes.

¿Qué intentarás hoy al despertar?